
Quienes me seguís sabéis que mi hábitat natural es el backend: APIs, servicios, bases de datos, concurrencia. Me siento mucho más cómodo diseñando una arquitectura de microservicios que eligiendo el color perfecto de un botón. Pero hay algo que me he encontrado una y otra vez a lo largo de mi carrera, tanto en empresas como en el aula: la arquitectura de datos es la gran olvidada.
Todos queremos hablar del último framework de moda, del nuevo lenguaje que promete revolucionar todo, de si la consistencia es la correcta, o de qué pasa cuando tu base de datos se queda sin aire porque nadie pensó en escalarla.
Hoy quiero hablar de eso. De por qué un mal enfoque en la arquitectura de datos puede hacer fracasar un proyecto que, por lo demás, tiene todo lo demás correcto.








